Celeste

Al parecer, mi vida se ha convertido en un ciclo de muchas fases, muchas caras, muchas yo.  

Despierto bien, tranquila, con actitud positiva para ir a la escuela, voy dormitando durante el trayecto. Sé que será un largo día, pero no importa, no me detengo. Conseguiré el objetivo. Termina la escuela, ya vivo en el caos. Llego al paradero y me empiezo a contaminar de todos esos ruidos de ciudad. Siento que los odio a todos, por su ignorancia sin culpa. Ya de gris, entro a trabajar. También odio a la gente del trabajo por su ignorancia sin culpa y a los que atiendo, por no ser humanos, por solo ser lo que su alta posición socioeconómica les ha demandado. Por fin termina el tormento, ya me quiero ir a casa. Los caminos están bloqueados, ciudad del caos a toda hora, parece no descansar nunca. Llego a casa y un hombre me espera, en realidad no quiero hacer el amor… ¿qué es el amor? nada. Tal vez fume un poco de marihuana para aliviar la carga. Así vuelvo a dormir, un poco más tranquila, más cerca de lo que me encontraba al despertar. 

Totalmente personal.

Construcción - Deconstrucción - Separación

En mis collages, la imagen no se separa, sólo se deconstruye para formar una nueva imagen a partir de la misma. Hacer un collage es para mí, aislar un elemento de su naturaleza para componer una figura que complemente otra. Es como el ser humano, se construye y deconstruye a sí mismo tantas veces en la vida que termina siendo un collage de experiencias, movimientos y recuerdos. Es también un ejercicio interesante al intentar formar la imagen “original” en la mente, porque solamente ahí, se pueden  visualizar y acomodar las piezas al grado de imaginación del observador.

 Recuerdo cuando morí por primera vez, en aquel desierto lleno de nada, por que así lo percibía. No lograba ver la magnificencia de las dunas que semejaban las montañas en las que vivía tiempo atrás. Creí enloquecer, creí en Dios, pero nunca en mí mismo. Me dí por vencido, nada me salvaría de aquella tormenta de arena, me llenaba los ojos de piedras fragmentadas diminutamente, ahí moriría, no quedaba duda. Entendí mi muerte y la aceptaba con resignación, más no con orgullo porque sabía que el único que había provocado tal situación era yo y nadie más.